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miércoles, 11 de junio de 2014

Recital del poeta Jesús Cárdenas en la Universidad Pablo de Olavide en Carmona

Tras su periplo por distintas zonas geográficas y haber recibido varias críticas positivas, Jesús Cárdenas presenta su obra poética última, Después de la música, en la editorial madrileña Cuadernos del Laberinto.

Se desarrollará en la Sede de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona, Casa Palacio de los Briones, Carmona, el próximo miércoles, día 11 de junio, a partir de las 21 horas.

Al acto le acompañarán el director de la Sede de la Olavide en Carmona, D. Francisco Hidalgo, el concejal de Patrimonio, D. Ramón Gavira. Presentará al autor, el escritor y profesor de Filosofía, D. Tomás Valladolid Bueno. El guitarrista carmonense, Carlos Infantes, completará el caleidoscopio musical y poético de esta velada.

Jesús Cárdenas reaparece con DESPUÉS DE LA MÚSICA, una obra que cumple los requisitos de la poesía de verdad, un libro que contiene la vida y sobre todo el amor, ese aliento que siempre asoma en cualquier intersticio de la vida, feliz o desconsolado. Pero también contiene la condición exacta de las palabras; el dolor permanentemente al acecho; la amarga cercanía de las desdichas; la soledad y su murmullo; el silencio que suena atronador en la poesía; la pérdida y la ausencia, el desamparo y el gozo. La entrada será libre y gratuita.

HIC ET NUNC
En esta hora en que escribo
alguien lee lo que acaricié un día;
mis ojos pronuncian lo mismo
que dijeron mis labios con asombro,
que perplejas fijaron con mis manos
al fluir con sílabas y distancia
colocando el acento como hago yo
como si fuera barca a la deriva.
El viento hasta ti me habrá de llevar
salvando las distancias.
Muchos no nos entienden.
Aquí, no soy el único,
aquí, luz inmortal, río perenne,
me nombran en silencio
como perdido entre la niebla,
tal vez, tú me consueles
ahora que me lees, me pronuncias.
Este ahora nos une en estos versos.

lunes, 12 de mayo de 2014

Reflexión de PILAR SANABRIA CAÑETE en torno a “DESPUÉS DE LA MÚSICA” del poeta Jesús Cárdenas

Alguien se habrá preguntado más de una vez que queda “Después de la Música”. Después de las notas existenciales,  esas que pueden formar una partitura en un concierto de plena armonía o esas notas que en el pentagrama suenan desajustadas, que acribillan el más mínimo resquicio de los sentidos. Algo así sucede con el trasfondo de la poesía de Jesús Cárdenas. Con toda clase de sugerencias, líricamente hiladas y trazadas para traspasar la constante pesadilla que la vida representa. En este libro se traza una senda que podría muy bien constituir un auténtico “beatus ille” curativo; porque al poeta no le queda más alternativa que remediar la herida, ajustarla a su paso pero hacerla menos intensa, menos honda. Para vivir hay que sobrevivir primero y estas páginas son un auténtico ejercicio desencadenado desde el desamparo, desde la ceniza. Toca renacer en ese páramo de oscuridades, tomar medidas de consuelo, afrontar una dialéctica para la esperanza, lo que llegará a nuestras vidas nunca depende de nosotros mismos; es una idea que fragmenta al poeta, que lo llena de interrogantes. Esta poesía de clara intuición, de intimismo se despoja de la anécdota, se aboca al engranaje que destila y mueve el mecanismo de la supervivencia. El poeta se enfrenta a estereotipos que pasan por la definición de lo que es el amor , la infelicidad, la aventura, la rutina. Esos conceptos asumidos a los que recurrimos con demasiada frecuencia, a los que pretendemos dar el color de algún misterio para salir a flote, para pulverizar el descalabro de una realidad de precipicio.

http://cuadernosdelaberinto.com/Poesia/despuesdelamusica.html

Es una revisión del interior, ese espejo de uno mismo que al asomarse para hallar un reflejo atormentado porque en él están los elementos elegíacos y trágicos que el poeta sabe vislumbrar como nadie, que lo hacen diferente:

“Cómo seguir viviendo en estado catatónico,
el mundo descubierto, vivido como en un juego
que dominas sus trucos, sus mentiras conoces.”


Hay en los poemas de este libro un certero acercamiento al espíritu, un camino que trasciende la niebla de lo inmanente pero se observa en ellos ese antecedente de la angustia existencial al modo de Heidegger, quizá de fondo la esperanza, el amoldamiento, la conformidad ante lo trágico de cada paso, de cada roce o mirada:4

“Cuando todo es irreparable
y ya nada importa
hay que pensar en seguir el camino”.


Ese “ir cargado de piedras” como reafirma el poeta, es un zumo irrenunciable en la  poesía de Jesús Cárdenas, lo bebe con la costumbre clásica de un Sísifo que sube y baja el corazón como una roca.

Su poesía es una ánfora a rebosar de partículas, de vestigios, como si la memoria fuera líquida y se derramase seduciéndolo desde sus refugios, como si los versos quisieran plantear lo imposible, la veta inalcanzable de lo pasado o, por el contrario, lo predecible, lo que vendrá con la lógica más conformista de las leyes naturales conocidas:


“Llegas con la herida profunda
sin frenos inmediatos,
con ganas de morder la guinda,
de acariciar la misma luna,
de sentirte cerca de la piel extranjera”.


Versos acólitos de una religión sincrética, de una fusión inevitable condensada en ese lenguaje vestido para desnudar la esencia, esa disertación necesaria de la apoyatura existencial, esa erudición de la soledad. Nos podríamos preguntar: ¿se escucha la soledad cuando hay un ruido de desesperación bramando al fondo o cuando todo es un silencio que penetra como una esquirla en la carne? A ellos  se asoma , de forma obsesiva, el recuerdo, la memoria que no sólo evoca, sino que también provoca:


 “… esas instantáneas
de las que no se desprende el porqué,
el porqué de su fragilidad,
el recuerdo dorado del futuro”.


Versos que no hacen concesiones, hablan del destierro interior, de una huida que se encuentra en todas partes; allá donde vayan estos poemas, siempre estarán escapando. Se abren a la humanísima comunión con el “nosotros”, me recuerdan a la poesía existencialista del poeta Vicente Gaos porque, en esa línea, son testigos de la desolación, son los portavoces de la denuncia del oficio que la Nada enseña al hombre.

En poemas como “Ella” o “Rutina de Amor” el libro se adensa en tintes narrativos del entorno, es la respuesta a un auténtico esquema dramático, exencialidad de lo que acontece, de ternura desnuda, de dimensión honda, son un umbral de ebriedades en la sombra, una transición de lo inhumano hasta la fe. Una observancia del cero en su expresión más absoluta y el poeta es, ante todo, un contemplador, esa es su tarea:

“Y sé bien que estoy girando sobre
mi propia condena.
Conviene reparar en ella, por tanto”.


La búsqueda de Jesús Cárdenas es completamente continua, perpetua, el deseo también lo es. Son versos como cristal, son versos también opacos, el alfa y el omega, escalar a los ochomiles del instinto para acaba en la cima de otra incertidumbre. Más escalar, más ascender hacia el hallazgo, esa es la paradoja de nuestra materia. Estamos concebidos en esos versos de sombras y de sueños, con la única compañía de la memoria. La única valedora que nos justifica. Perder lo pasado nos aniquila:

“…convirtiendo las sombrasen azules
entregas de nostalgia,
como era el cielo que miraba
cuando nada tenía condición de pérdida”.



La comunión con las heridas lo dejo “Enclavado”, como el título de uno de los poemas, ese clavo que se adentra más y más como él mismo afirma. Esa alimentación de seudo esperanzas, esa luz inconsciente, de imposible orden. Y también sentencia:
“… y cuando uno se cree que no podía perder más,
se está adelantando a otra ruina mayor”.


Hay que atreverse a interiorizar las biografías del infortunio, las errantes aves rapaces del tiempo. Hay que tener valor para adentrarse en el mar de uno mismo y eso lo hace valientemente, de forma intrépida, este poeta de músicas desvividas, de sonidos de piel que atraviesan tormentas, para hacerse la pregunta, la misma y sonora duda: ¿seguirá mi alma componiendo conciertos aunque no suenen a gloria? ¿alguien escuchará la metáfora de un salto al vacío? Yo les voy  a dejar con esta música, conjunción de esta materia fugaz que nos alienta en el soplo que somos los seres y las cosas. 


Esta partitura la han dictado el YO y el NOSOTROS. Justo es pues que seamos los cómplices corales de esta sinfonía en la que, Jesús Cárdenas, es el innegable, el irrenunciable director. Y el atril es suyo.

PILAR  SANABRIA CAÑETE 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Jesús Cárdenas: Notas de un acorde ante sus versos


Samuel P. Huntington afirmaba que El silencio; el silencio brama como un estruendo en mi mente, y justamente con esta cita se abre el nuevo poemario del sevillano Jesús Cárdenas que acaba de llegar a las librerías y que con el sugerente título de DESPUÉS DE LA MÚSICA (Editorial Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2014) nos hacer ver, sentir y transfigurarnos en lo que queda tras la eclosión de un adagio de belleza, lo que se derrama cuando ya no queda vino en la copa y los recuerdos de una tarde frente al mar. El poeta sabe que la escritura es un proceso a largo plazo, que es necesario reposar las emociones para poder plasmarlas debidamente ordenadas y con significado.

Leyendo este nuevo poemario de Jesús Cárdenas, es inevitable recordar al gran sevillano universal, Gustavo Adolfo Bécquer que en Cartas literarias a una mujer plasmaba su método de escritura: “Yo no niego que suceda así. Yo no niego nada, pero por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes, hijas de la sensación, duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria, hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas trasparentes que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis ojos como en una visión luminosa y magnífica.” DESPUÉS DE LA MÚSICA es un reflejo de las vibraciones tras los sentimientos, de esa mano de nieve que inicia las primeras notas, es la esencia de unos poemas bien pensados y bien tejidos que el lector agradece ante la zafiedad reinante.

Jesús Cárdenas se nos muestra como un poeta valiente y sincero, un escritor con oficio y un universo que no es sino un resumen de la vida.

HIC ET NUNC
En esta hora en que escribo
alguien lee lo que acaricié un día;
mis ojos pronuncian lo mismo
que dijeron mis labios con asombro,
que perplejas fijaron con mis manos
al fluir con sílabas y distancia
colocando el acento como hago yo
como si fuera barca a la deriva.

El viento hasta ti me habrá de llevar
salvando las distancias.

Muchos no nos entienden.
Aquí, no soy el único,
aquí, luz inmortal, río perenne,

me nombran en silencio
como perdido entre la niebla,
tal vez, tú me consueles
ahora que me lees, me pronuncias.

Este ahora nos une en estos versos.


Editorial Cuadernos del Laberinto • Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, nº 34
Prólogo: ENRIQUE GRACIA TRINIDAD
I.S.B.N: 978-84-941902-7-8 • 88 páginas • 10 €


EL AUTOR: JESÚS CÁRDENAS (Sevilla, 1973)
Profesor de Lengua Castellana y Literatura, ensayista y poeta.
Ha publicado los siguientes poemarios Algunos arraigos me vienen (Diputación Provincial de Sevilla, 2005), La luz de entre los cipreses (Sevilla, Ediciones en Huida, 2012), Mudanzas de lo azul (Madrid, Vitruvio, 2013); y ha participado en diversas antologías.